viernes, 21 de abril de 2017

CREER LO QUE VES O VER LO QUE CREES



Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


Estas palabras pueden ser apropiadas para los tiempos políticos que vivimos en México, tal vez siempre lo fueron; o no, si hablamos de unos veinte años antes, cuando las palabras no tenían ningún sentido en el mundo de la política. La incredulidad ciudadana es fuerte y tiene mil justificaciones, con el riesgo de ser muy duradera hasta terminar en hastío y abstencionismo; la velocidad y montos de la información que circula en las redes es un poderoso factor para que se mezcle y desoriente el debate: más cantidad sobre la calidad, juicios sumarios, verdades a medias, mentiras completas, conspiraciones y treinta conclusiones en doce horas. Los líderes políticos en general, con sus contadas excepciones, asumen con lentitud y hasta torpeza las nuevas formas de la comunicación, enfilándose hacia una lamentable reproducción de esencias anacrónicas: cambian las formas pero se sostiene el contenido, hay más colorido e imagen pero con mensajes caducos. 

La apertura a la verdad, la buena fe y las convocatorias unitarias brillan por su ausencia; se sostiene una dura tendencia al enfrentamiento y la ruptura. Con ello, se desperdicia el tiempo y se desnaturaliza la función asignada a líderes y representantes. Abunda el sectarismo y la inmediatez, no se enriquece la vida pública ni se abren rutas al desarrollo democrático. Hay sectores políticos que le apuestan al fracaso del gobernante y ansían un golpe de suerte, súbito, que los lleve al poder, del nivel que sea, sin acreditar perfiles y proyectos. Actos de fe, ni buena o mala, sustituyen la construcción de ciudadanía, cultura cívica y democracia. Sin deliberación, crítica y autocrítica, reflexiones y posicionamiento de los que andan defendiendo espacios y de los que andan aspirando a ellos, solo pueden resultar procesos electivos vacíos, intrascendentes y regresivos. 

La aprehensión del ex gobernador Duarte, actualiza los rasgos fundamentales de los humores sociales y el estado de ánimo ciudadano observado en el nivel de la información, las tomas de posición, cierto debate y las teorías producidas abundantemente. Sin mayor esfuerzo se adoptan todo tipo de versiones respecto al hecho, aun las más descabelladas, siendo las de más elevada aceptación aquellas que encierren complejos misterios o puedan resultar espectaculares. A una asombrosa velocidad se producen supuestas explicaciones de todo que llevan a un mayor número de interpretaciones haciendo naufragar a la lógica, cualquier aspecto que represente racionalidad y brincándose hasta lo obvio. Se enmarca el acontecimiento legal en una generalizada incredulidad que lleva a muchos a decretar conclusiones que no admiten razones y deja muy poco al tiempo en que transcurrirá el proceso judicial. En esa línea se sabe poco, se aprende menos y no se valoran los avances en la consecución de la justicia y la recuperación de los fondos públicos sustraídos a las arcas de Veracruz, por la pandilla que nos desgobernó.

Entiendo qué hay rezago en la presencia de Estadistas, en la generación de demócratas y en portadores de ideas, con efectos en tal pobreza de nuestra vida pública que incide fatalmente en el alineamiento social por causas huecas y signos clientelares. Esa es nuestra realidad, asumirla cuenta como acto de honestidad y superación, sin desgarrarse las vestiduras, pensando en un proceso gradual que nos lleve a una vida pública más sana, donde el gobierno funcione, la gente participe en los asuntos colectivos y vivamos en paz y con progreso. 

Es real la influencia de la condición humana en los asuntos de gobierno, son cuestiones de poder que emparejan siglas, pero hay un sistema dominante que se reproduce a través del tiempo y no distingue de colores. Nuestro mejor aprendizaje en el caso Duarte, debería ser el de modificar de raíz las condiciones institucionales que lo hicieron posible, apelando a formas democráticas. Hay que privilegiar la legalidad, la transparencia, la austeridad, el compromiso y la eficacia. Hay que respetar la pluralidad, huir del maniqueísmo y cultivar valores profundamente democráticos. Si no se entiende así, un poco después vendrán otros similares, acompañados de oleadas de cinismo y desencanto. Poco o mucho pero hay que aprender de estos fenómenos decadentes y tomar otro rumbo, serio y seguro, gradual, sin atajos y salidas milagrosas.

Nada fácil, por cultura e inercia, superar las posturas extremas e inmóviles del todo está bien o todo está mal; más complicado todavía para quienes se escudan en pretendidas ideologías, ausentes por obviedad, que no pasan de discursos y ocurrencias, insistiendo en encuadrar cualquier hecho en la visión de algún líder o grupo político. Se renuncia al pensamiento libre y se aparta o choca con los ámbitos colectivos. Como antídoto a estos fenómenos hay que subrayar la pluralidad, disminuir el sectarismo y fomentar la unidad social indistintamente de siglas y colores. 


Recadito: Triste lo de Duarte, más triste lo de los veracruzanos; nos cuesta salir de niveles bananeros en todo.

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jueves, 13 de abril de 2017

TRIVIALIZAR LA VIOLENCIA


Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


Como ocurre prácticamente en todo nuestro país Veracruz no escapa a la ola de excesiva y monstruosa violencia, seguramente incrementada en los últimos años por la omisión y complicidad de todo tipo de autoridades. Lo que vemos son muestras de crueldad inaudita, proveniente de seres diabólicos; la violencia que nos azota viene del pasado y se nutre de los mismos factores que afectan a todo México. La fuerza económica y armada del narcotráfico es descomunal, tiene ingredientes internacionales, y desafía a los Estados nacionales, en lo individual, así como a los organismos mundiales; esas fuerzas corrompen, coptan y fijan una variedad de reglas. Su incidencia en los ámbitos locales, como en Veracruz, le da enormes ventajas ante la debilidad o la corrupción de quienes debieran enfrentarlo, tal y como ocurrió recientemente. 

La violencia criminal es promovida por fuerzas poderosas, está instalada en muchos ámbitos sociales y no respeta, obviamente, el color de los gobiernos ni procesos políticos como la alternancia; a esos grupos delincuenciales casi nada los detiene, realizan sus operaciones y, sin freno, se lanzan a ocupar otros espacios interviniendo, incluso, en actividades políticas. Son un grave peligro para la convivencia y el desarrollo de nuestra sociedad. Su fuerza le viene del dinero y las armas pero han logrado avanzar desproporcionadamente por la debilidad de las instituciones, por la impunidad y las ambiciones de algunos sectores sociales. 

Ante el terror que traen cuerpos esparcidos en los caminos, las fosas clandestinas y las imágenes de desaparecidos, así como las denuncias de secuestros y extorsiones, se esperarían declaraciones oficiales de emergencia y una actitud más firme de la ciudadanía. De inicio, asumir la gravedad de esa situación y poner como prioridad la agenda de la seguridad y observación de la ley. Sin embargo eso no ocurre, ni en el gobierno federal ni en los partidos políticos, y tampoco en la sociedad. Hay temores evidentes y afanes de desviar la mirada, evitando reconocer nuestro fracaso como gobierno de la República  y todo el cuestionamiento al estilo de vida que hemos adoptado. 

Digno de sorpresa y estudio es lo que ocurre en Veracruz, donde por primera vez hay un gobierno decidido a combatir realmente a la delincuencia de todo tipo y cumplir con el mandato popular generando condiciones de seguridad para la ciudadanía. Este gobierno heredó un desastre en materia de seguridad, con hegemonía delincuencial y con policías involucradas mafiosamente; para ilustrar la profundidad del abandono en seguridad y orfandad de los ciudadanos basta referir que se encuentra preso el más reciente Secretario de seguridad pública. En unos cuantos meses es prácticamente imposible revertir el oscuro escenario en esta materia, lo cual será posible en buena medida en plazo corto si tomamos en cuenta el cese a la impunidad, cero corrupción empezando por los mandos y el control absoluto de todas las fuerzas policiales.

Ante el drama que vive la sociedad veracruzana se esperaría seriedad generosa y disposición unitaria de todos, ciudadanos y líderes; sin embargo, hay conductas tan ligeras y erróneas que, sin quererlo, se vuelven parte del problema en algún grado de responsabilidad cómplice. Tenemos al informador que hace amarillismo con los hechos de sangre y todo lo saca de contexto; tenemos al diputado y al político opositor que exige resultados en la más grande simpleza, sin asumir su parte como actores públicos; tenemos al directivo social de algo que clama justicia rehuyendo participación más activa en las soluciones. En fin, se trivializa la violencia; al minimizar la desgracia que nos azota se facilitan las cosas a la delincuencia.

Una actitud democrática implica unidad sin poses facciosas y politiqueras, la violencia no distingue colores, su origen mayor es mucho superior a un gobierno estatal y a un partido político; debería borrarse todo tipo de sectarismo. Es obvio que se debe cuidar y fortalecer el tejido social, observar la legalidad sin excepciones y embarnecer el Estado de Derecho, dándonos instituciones de seguridad ciudadana confiables y eficaces.


Recadito: Siempre hay partidos "atrapa todo", las justificaciones varían con el tiempo. 

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viernes, 7 de abril de 2017

LOS OTROS Y NOSOTROS, MEXICO Y EL MUNDO


Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


Antes de que agarren vuelo las campañas por la presidencia de México, bien vale la pena expresar algunas definiciones básicas para la convivencia social. Todavía es menor el ruido de los tambores de guerra electoral y ya empieza a notarse cierta polarización en nuestra sociedad, con sus nocivos efectos en la división social y la ineficacia con sectarismo incluido de los aparatos de gobierno. Este es buen momento para dejar claro lo que nos une o nos debe unir, la calidad de las elecciones, los puentes a tender, el piso común y el día después de las elecciones. Habría que crear un consenso sobre los valores democráticos elementales: Diálogo y pluralidad. Nadie que reniegue, de palabra y acción, de tales principios debería recibir mandato popular.

Elevar a lo sagrado el valor "del otro" que, junto conmigo, somos nosotros; asumir qué hay otros en la sociedad, que piensan y votan distinto. Ahí se funda el respeto y la tolerancia; de esa concepción surgen el diálogo y las formas civilizadas de convivencia y competencia. No debe haber lugar para la política de la descalificación, ni voz que deshumaniza al adversario y justifica la violencia. El maniqueísmo de buenos y malos camina en sentido contrario al respeto por los demás. Sería un poco humorístico lo que sucede con cierto tipo de fundamentalistas sino fuera una postura peligrosa en si misma: El que reparte certificados de buenos y siempre se auto adjudica el suyo, dejando a los malos de su imaginación los papeles sucios. 

México viene de una vigente cultura autoritaria, la que se justificaba con la revolución; el avance democrático todavía no desarrolla plenas formas democráticas más allá de lo formal; somos otro país en tiempo y algún progreso atrapado en los cacicazgos y clientelismo de hace cien años. Del partido de Estado, membrete sin espíritu y oxígeno, pasamos a un sistema de partidos con rasgos de franquicias, vacíos de ideas y representación y controlados por una persona o un grupo. El culto a la personalidad del presidencialismo se trasladó a los partidos políticos, concebidos como plataforma individual o grupal de poder. 

No hay autoritarismo bueno o malo, todas sus manifestaciones son nocivas para el desarrollo social. Con todos sus defectos, viéndolas como organismos reformables, las instituciones actuales están por encima de la voluntad individual. No hay plaza pública ni búnker cupular que interprete el interés general ni sustituya el sentir popular. No hay atajos para los cambios, sus caminos son lentos, graduales y poco épicos. La magia radica en el despertar y la participación de la gente, con sus derechos e intereses. Las recetas milagrosas son como todos los productos de ese carácter, fraudulentas y contraproducentes. 

Al venir de fraudes electorales y cerrazón de las élites, más preocupadas por acumular poder, pueden surgir sectores sociales y políticos justicieros que quieran la vieja medida de "ojo por ojo y diente por diente", alimentando la venganza en el resentimiento social existente. Ahí está la prueba para los Estadistas, para los líderes genuinos, para quienes creen en la pluralidad y respetan a los otros. Es la prueba de mantener lo que funciona para renovarlo o destruir todo y levantar lo que sea con las cenizas. No hablo de teorías, parto de la realidad conocida, sin duda habrá justicia pero no se mezclará con la forma de pensar de los perseguidos; es decir, las penalidades se aplicarán a los que hayan delinquido no a los disidentes. No habrá "archipiélago de Gulag" ni "revolución cultural" ni campos de reeducación. Desde ahora se debe aligerar la confrontación, proscribirse la violencia verbal y la descalificación al contrario; no somos enemigos, si acaso adversarios políticos, pero somos connacionales y, sobre todo, humanos. 

Creo en esas bases para la política partidista y electoral, como una forma clave de contribuir al desarrollo de todos los órdenes de la sociedad y hacer una sana vida pública. Creo también que en este momento todavía hay oídos para las reflexiones y las palabras que quieren lanzar mensajes de sensatez. Después será tarde, con el ruido de los discursos, las porras y los spots. Todavía no se ve el alineamiento férreo en torno de los partidos y las figuras. A riesgo de pecar de ingenuo, me animo a exponer estas ideas que quedarán plasmadas para la posteridad.

  

Recadito: Me voy a quedar a apagar la luz.
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domingo, 2 de abril de 2017

LA POLÍTICA NUESTRA DE ESTOS DÍAS


Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


Las notas políticas del momento en Veracruz tienen que ver con las próximas elecciones municipales mientras que, en el país, se van colocando de manera muy general las relacionadas con la sucesión presidencial. Prácticamente todos los partidos han definido sus candidatos a ediles, al igual que ya se aprobaron a los independientes. El saldo democrático es muy pobre en los mecanismos electivos internos, omitiendo a las bases y excluyendo aspirantes que no lleven algún tipo de padrinazgo. Lo curioso es que esas prácticas se presentaron en todos los partidos, nuevos y viejos, evidenciando una crisis estructural de ese tipo de organizaciones, las cuales han dejado de jugar un papel democratizador para pasar a ser, más bien, membretes o siglas con registro legal y de auto representación.

La forma vertical y cupular que integran las planillas municipales es el antecedente directo o la condición fundamental de Ayuntamientos débiles y coptados por intereses particulares; es mucho más fácil que se presenten improvisaciones, frivolidades y corrupción con autoridades ilegítimas de origen y obedientes de grupos de poder. Es dramática esa realidad política veracruzana, sin creer que tenemos la exclusividad. Pareciera ocioso detenerse en la crítica y la reflexión sobre este momento en la vida pública de Veracruz, sobre todo ante la contundencia en los comportamientos partidistas y la timidez opositora interna. Es evidente el abandono de proyectos colectivos, la falta de autenticidad en los perfiles y la nociva exclusión de voces diferentes. 

Los ciudadanos observan con más pena que interés los espectáculos partidistas, sus jaloneos, su esmero por evidenciar raquíticas formas políticas y su lejanía con los intereses de la gente. Ese tipo de comportamiento es la mejor promoción del abstencionismo y el rechazo a la política, con lo cual perdemos todos, pierde la sociedad y pierde la democracia. De las imposiciones, dado el caso, pasamos al desinterés y a la generalizada falta de participación en los asuntos públicos. Puede ser más cómodo y fácil gobernar sin la gente pero, a la larga, resulta contraproducente en aportaciones fiscales, conservación de instalaciones públicas, denuncias ciudadanas, redes de solidaridad, seguridad, cooperación para obras, limpieza, campañas de salud, etc.

Mucha gente se pregunta quienes se dedican a la política y para qué sirve esta; etapas como la actual, intensa y masiva, nos muestran los rostros de nuestros políticos, reales, de carne y hueso, con su trayectoria y sus ideas. Es cuando se pueden examinar y hacerse merecedores de nuestro voto. El déficit de capacidades, voluntades y autenticidad es enorme, haciendo de su ubicación una auténtica hazaña entre la maraña de nombres, sonrisas y promesas. Esos son nuestros políticos, de todos los colores, ellos ocuparán los cargos edilicios, tendrán que ver con los asuntos cotidianos de la vida municipal; no son ángeles, son hombres y mujeres con propósitos que pueden o no coincidir con la colectividad. Será tarea ciudadana resolver a quien le da su voto y, con él, la confianza y el mandato para gobernar conforme al interés general. 

Sin duda, la futura elección presidencial federal rondará al proceso municipal, por estrategia de ciertos partidos o por inercias; tal vez sea inevitable que así sea. De ocurrir esa especie de mezcla electoral, habrá que hacer un esfuerzo mayor porque no se dejen de valorar las candidaturas locales, distinguiéndolas de las que ya suenen para "la grande". El edil electo es quien va a dar la cara a nivel local, quien tomará las riendas del Ayuntamiento y será responsable de su buena marcha. Eso es suficiente para fijarse muy bien  en el perfil de los candidatos, distinguir de sus capacidades y optar correctamente. 


Recadito: Es indispensable, sana y normal la unión de los diversos contra la violencia. 


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viernes, 24 de marzo de 2017

ILEGALIDADES PEQUEÑAS Y DELINCUENCIA ORGANIZADA


Uriel Flores Aguayo
@UrielFA

La crisis de Estado que vivimos adopta formas alarmantes, presentes en todas partes y en todos los momentos. Hay una epidemia de violencia azotando a nuestro país, con la complicidad u omisiones casi semejantes de una clase política extraviada, frívola y voraz. Ante las escenas de barbarie y todo tipo de actos violentos hay algunas condenas, pocas sorpresas y mucho mutis. No se ha mostrado conciencia y voluntad para enfrentar a la criminalidad y la degradación social, dejando que avance la descomposición y el empoderamiento mafioso. No se omite que estamos ante un desafío mayor, de viabilidad de Estado y la paz pública, que los niveles municipales y estatales están rebasados, que podemos deslizarnos a una crisis mayor: de confrontación armada abierta y directa que obligue a restringir libertades e instale el autoritarismo. No hay justificación para seguir simulando que el sistema funciona, qué hay poderes y elecciones, que se gobierna y se dan garantías a los ciudadanos mientras la sociedad es aterrorizada por las bandas del narcotráfico. 

El urgente y obligado pacto democrático debe girar en torno al compromiso con la legalidad, inhibiendo pequeños actos que violen el marco legal, tanto de los poderosos como de la gente en general; ni delincuentes comunes u organizados pero tampoco de cuello blanco. La tolerancia a las ilegalidades debe ser de cero, del tamaño que sean. Nada de justificaciones de cualquier tipo para quienes violan las leyes y rompen los pactos de convivencia. Desde las fuerzas políticas y los liderazgos se debe ser muy claros y contundentes con la no protección a los transgresores de la ley, con la aplicación estricta de las normas y las garantías a los ciudadanos de bien. Ante las escenas de terror que nos atemorizan solo la participación informada, consciente y organizada de los ciudadanos podrá evitar el colapso y retomar una forma de vida sana y normal. 

En las elecciones municipales en curso pero más en la próxima presidencial radican muchas de nuestras esperanzas y desafíos, habrá oportunidad de conocer en los aspirantes sus ideas al respecto, sus propuestas y compromisos. Atienden esa problemática y  le buscan soluciones serias o perdemos el tiempo con ellos y nos condenamos a más violencia y descomposición social. Lo que ya no se podrá eludir es la necesidad de hacerle frente a una situación tan grave, que golpea a los ciudadanos y amenaza con generar una situación de crisis generalizada. Ni autoritarismo ni demagogia; las salidas deben ser de corte democrático pero de frente, sin utilización electoral de hechos tan delicados. Desde  ahora será importante que haya definiciones en temas tan relevantes como el papel de las fuerzas armadas, en la legalización de ciertas sustancias y en los programas de rehabilitación, sin omitir una política integral que, además de la fuerza indispensable, se considere la política social. 

En la seguridad ciudadana, La Paz pública y condiciones de armonía social debe haber consensos entre las fuerza políticas y los liderazgos nacionales; son exigencias mínimas de responsabilidad democrática, terrenos donde no cabe la división y donde se deben sumar fuerzas; si no se entiende, si se elude o, al contrario, se utiliza para golpear y ganar ventajas, se estará mostrado severa limitación para ser merecedores de la confianza de la gente y la oportunidad de gobernar. Es enorme el daño que nos han  hecho la politiquería y la frivolidad, mientras los grupos políticos juegan a lo que sea son los delincuentes quienes se ensañan con la gente. Los desaparecidos, las fosas, las extorsiones, las pilas de cadáveres y los asesinatos debieran ser motivo suficiente para adoptar posturas serías y comprometidas, para darle prioridad a su atención, para unir fuerzas y devolvernos la tranquilidad como fin estratégico de los que aspiran a ocupar cargos en la vida pública.



Recadito: Preguntemos quienes serán y como le harán para gobernar los municipios.
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jueves, 16 de marzo de 2017

AUNQUE LA DEMAGOGIA SE VISTA DE SEDA


Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


Estamos hablando de conductas muy comunes en la política mexicana extensivas a la política veracruzana, donde no se dice lo que se piensa y tampoco se hace lo que se dice. Lo que abundan son los eufemismos, con sus marcadas excepciones, hasta la saciedad, creando un ambiente de simulación e inutilidad. Es difícil pensar en una separación entre la forma de ser en lo privado y su actividad política. Arrastramos una pesada herencia demagógica cuya solidez y repetición nos llevará un poco más de tiempo para debilitarla y, eventualmente, erradicarla. Es impresionante como pueden hablar hasta en sentidos y grandilocuentes discursos para decir mentiras y fantasías, para esparcir bolas de humo o palabrería hueca. La palabra es vital, con voz y gestos, para explicar lo qué pasa y convencer de las ideas que se porten, para convocar y suscitar respaldos, cuando son reales, realistas y honestas. 

Esta introducción permite ubicar con claridad los términos en que se desenvuelven los políticos en esta etapa de Veracruz, especialmente los auto llamados opositores. No entenderíamos mucho si nos basamos en sus dichos, para ubicarlos hay que acudir a sus prácticas y a sus expresiones durante varias etapas; de ahí se verá si son consecuentes y tienen posturas firmes y serias. Esta forma de ubicar a los políticos es prudente y realista, sin duda será de utilidad para entenderlos y así saber de sus intenciones, reales o simplemente figuradas. A fuerza de repetirse la mayoría de los políticos han desgastado y vaciado de contenido sus mensajes, diciendo ocurrencias y dando prioridad a frivolidades.

En Veracruz vivimos con una obvia incertidumbre ante la sistemática oposición del PRI y MORENA a la propuesta de reestructuración presentada por el Ejecutivo de nuestra Entidad; sin argumentos o demagógicamente la rechazan en el Congreso; aquí vale la pena detenerse un momento y enfocar la mirada en esa inflexible postura partidista: aducen varias cuestiones para votar en contra, como que no hay información suficiente, que existe opacidad y que algo de lo que resulte como remanente se utilice en la deuda con Ayuntamientos. Ese es el discurso con el que pretenden justificar su oposición sistemática. Es de obviedad que tienen derecho a votar libremente, que pueden seguir consignas partidistas y, que, finalmente, estamos ante un juego de poder; nada de desgarrarse las vestiduras o fundar hogueras de la pureza. 

El punto es que mienten, que votan en contra por muy determinados motivos, como no facilitar nada al Gobernador de la alternancia e intentar debilitarlo. Eluden hablar claro, no le dicen la verdad a la gente porque sufrirían rechazo. En forma pública MORENA anticipó su voto en contra, en una postura adelantada, es decir, omitiendo lecturas y méritos de la propuesta, simplemente ir en contra porque proviene de un gobierno que no les agrada. Pero no hablan claro, inventan pretextos y caen en la clásica demagogia que se desliza a la deshonestidad y renuncian a jugar su papel representativo de los veracruzanos para limitarse a acatar una agenda partidista. Estamos ante un ejemplo contundente de una conducta demagógica donde se procede por ciertas razones pero se invocan otras para justificar la negatividad. Ahí hay deshonestidad consciente, lo que vendría a cuestionar sus intenciones en todo. 

Los legisladores tienen derecho a votar, juegan un papel; nadie podría asustarse de eso; la cuestión es su papel de representantes populares y la obligación de rendir cuentas, teniendo que definirse entre su fidelidad partidista y el interés ciudadano. Diputado que no consulte a sus representados está desnaturalizando su función y pasando a jugar un papel secundario. No es fácil pero habría que apelar al voto de conciencia cuando se les imponen condiciones y exigencias que los alejan de los ciudadanos de sus distritos y de la entidad veracruzana.


Recadito: Reestructurar deudas económicas y de sueños por una vida mejor para Veracruz.
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viernes, 10 de marzo de 2017

OPINIÓN DEPRESIVA Y AMARILLISTA


Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


Los analistas, opinadores y cronistas ocasionales siguen, en lo general, sin encontrar las coordenadas y nuevos referentes de la coyuntura política que trajo la alternancia; omiten los datos duros de la herencia tricolor y abstraen el desastre que nos trasladaron, no solo al nuevo gobierno sino a toda la sociedad veracruzana. Despojados de casi toda objetividad han decretado el fracaso del Gobierno de coalición desde los primeros treinta o cuarenta días de la administración y, día a día, exigen los resultados que no se vieron en, al menos, los últimos doce años de gobierno en Veracruz. Desde luego que están en su derecho de opinar como les venga en gana, en un acto más militante de causas partidistas que de interés periodístico. Tampoco se les pide una postura inversa, su opinión debe ser conocida para los fines informativos que persigan. 

Por ser una sociedad plural, todo un valor democrático a preservar y defender, se debe trabajar mucho y en forma responsable para informar y contribuir a la certidumbre social y el fortalecimiento de las instituciones ante la crisis de gobernabilidad. Finalmente los problemas que padecemos no afectan a los funcionarios exclusivamente, repercuten en la tranquilidad común. Las posturas de todo bien o todo mal, maximalistas, solo confunden y nublan el entendimiento, alejando a la larga a la gente de un ejercicio concreto de participación ciudadana. Plantear que nada se hace bien o quedarse en el apologismo es realmente intrascendente y de autoconsumo. Son más resentidas por el juego democrático las opiniones sistemáticamente negativas de las fuerzas políticas opositoras, quienes eluden las responsabilidades democráticas que adquieren al constituirse en partidos políticos. Es todo un decepcionante espectáculo del oportunismo cuando las oposiciones emiten casi exclusivamente consignas, ocurrencias y generalidades, como si hablaran con ciudadanía zombi y no formaran parte del marco institucional que regula a nuestra sociedad. 

La ola violenta que azota a Veracruz, espectacular y atemorizante, es el argumento preferido de quienes afirman que ya fracasó el Gobierno de la alternancia. Noticiosamente se suman hechos violentos ocurridos en puntos muy distantes de la geografía veracruzana para proyectar una imagen de caos e inutilidad gubernamental. La seguridad ciudadana mejorará sin duda, el porcentaje de efectividad de las autoridades inicia por una política de cero corrupción, si los jefes no meten la mano al cajón sus subalternos seguirán su ejemplo. No festinar la violencia ni por equivocación es un imperativo ético, colaborar con las autoridades rompe  el circuito vicioso de la desconfianza y la desinformación. Por elemental coherencia humana y credibilidad nadie, sin excepciones, debiera utilizar los hechos violentos para denostar al gobierno en turno.

La violencia de la delincuencia organizada no respeta límites territoriales de municipios y entidades ni tampoco periodos de Gobierno, por eso vemos que se ha intensificado la guerra del narcotráfico seguramente por el cambio de administración y más por los ritmos que traen las células delincuenciales en todo el país. Los cárteles del narcotráfico desafían al Estado mexicano y amenazan nuestra convivencia social; ante esa amenaza real debemos tener mucho cuidado y proceder con absoluta responsabilidad. No hay comparación entre las nuevas autoridades y los que se fueron; tan no la hay que el ex secretario de seguridad se encuentra recluido en el penal de Pacho, dejando claro  que trabajó para su beneficio personal y en complicidad con la delincuencia. Es condenable el uso partidista o de amarillismo de los hechos violentos que lastiman gravemente a la sociedad; viene resultando obsceno el festinar las matanzas solo para afirmar que se vive lo mismo que el pasado muy reciente.



Recadito: La partidocracia (toda) ha derivado en un sistema de franquicias…
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jueves, 2 de marzo de 2017

LOS PARTIDOS, XALAPA Y LA GENTE



Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


Es ineludible comentar los primeros pasos electorales que se están dando de cara a la renovación de los Ayuntamientos en los 212 municipios veracruzanos, desde la óptica ciudadana, el análisis político y el interés partidista; debo incluir las candidaturas independientes aunque no son todavía muy visibles. Es evidente que en la generalidad de los partidos políticos se ha acentuado el control copular, dejando en pocas manos, a veces en una sola persona,  la toma de decisiones sobre las candidaturas. Desde luego qué hay diferencias y matices entre ellos, con posturas extremas que van desde la realización de encuestas hasta simples dedazo. De la mayoría no se esperaba algo distinto, desde hace mucho tiempo son estructuras membretarias dirigidas con métodos centralistas. Tal vez los únicos o más sorprendidos son los miembros de Morena, al ver que, sin tomarlos en cuenta, formalmente un grupo de notables desde la Ciudad de México, decidió sobre las candidaturas; su ruidoso descontento tiene que ver con las expectativas que les despertaron haciéndoles creer que su partido, por llamarlo de alguna manera, era democrático; su entrada a la política real, donde se juegan intereses concretos y sus fines justifican sus medios, es hasta cruel y los desestabiliza. Hay otro rasgo muy consolidado en los partidos políticos, se trata del intercambio de aspirantes entre ellos, es decir, los brincos de un partido a otro de los precandidatos; cada vez es más común esa práctica, se da en todas las organizaciones políticas y las hace meros registros legales con fines electorales. 

En Xalapa, se va aclarando el panorama sucesorio lentamente, algunos partidos ya decidieron sus candidaturas principales, otros no tardan mucho en hacerlo. Hay de todo desde ahora, aunque haya que esperar un par de semanas para tener el cuadro completo. Más o menos los que suenan tienen un regular perfil y orígenes diversos, ricos en experiencias. Por la elección que se trata es muy importante la persona que se postule, dado que los electores se fijan en su trayectoria y capacidad. Los partidos cuentan, desde luego, pero no son todo, sobre todo en una elección que no está condicionada por alguna otra como ocurre en las de Gobernador y Presidente. Ahora sí, ya no bastará una vaca para que cualquiera gane. Es elemental contar con agenda municipal y xalapeña, con diagnósticos concretos y soluciones concretas, viables y participativas. Ese es el reto para su búsqueda de sufragios, teniendo que definirse y comprometerse quienes aspiren a gobernarnos; no bastan, más bien son prescindibles, las generalidades, las ocurrencias o las consignas de alcance nacional. Es previsible que la disputa por la mayoría se de entre la alianza "contigo, el cambio sigue" ( PAN- PRD) y Morena, con resultados de pronóstico reservado, sin menospreciar los afanes legítimos de otros aspirantes que, por sí mismos, son personas valiosas pero que no contarán con las estructuras fuertes, los recursos y el impulso de los partidos que los respaldan. 

La crisis política nacional enmarca esta próxima elección municipal, esto es, la debilidad de las instituciones, la violencia, la partidocracia, el desencanto con la democracia, las alternancias emproblemadas, la devaluación del voto, etc.. Es notable que los partidos en general se olvidaron de la gente, de sus necesidades e intereses; retórica aparte, las menciones a las personas son de algún discurso o en la escenografía que sirve a la oratoria vetusta y vanidosa. Si no se toma en cuenta a la afiliados para decidir se está desnaturalizando a los partidos, dejando de jugar su papel en la organización y representación de las demandas sociales y mecanismo de acceso al poder para la colectividad; en ese sentido, se atrofian esos canales de expresión y resultan absolutamente inútiles. La credibilidad partidista rueda por los suelos y se coloca en la incongruencia al eludir a sus bases, si no los toma en cuenta tampoco puede asegurarle nada a la ciudadanía. Descartada cualquier virtud en los partidos, emparejados en métodos, queda el escrutinio ciudadano respecto del perfil de sus candidaturas, enfocando su trayectoria, sus cualidades y aportes a la comunidad. De por sí, este tipo de elecciones le dan una gran relevancia a las personas como candidatos; ahora será mayor el peso del perfil de los aspirantes a la hora de ganarse la voluntad popular. Si hay quien piensa que las próximas elecciones son un paseo color de rosa, avísenle que vive en el error y que su despertar puede ser muy duro.


Recadito: Bienvenida a la real política a los compañeros de Morena, solo su convicción les evitará un muy previsible y amargo desengaño.


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viernes, 24 de febrero de 2017

TOLERANCIA, PLURALIDAD Y DESARROLLO



Uriel Flores Aguayo
@UrielFA


La elección de Donald Trump, locuaz y de perfil dictatorial e imperialista, puso a debate lo avanzado en materia democrática en los Estados Unidos y en las relaciones internacionales sobre la base de la diplomacia y el respeto a las naciones. Lo que parecía irreversible ahora se pone en duda, las certezas se esfuman y entramos a un periodo incierto y turbulento. Las lecciones para nuestro país son claras e ineludibles; hay que abrir el diálogo, debates incluidos, sobre nuestra realidad nacional, en sentido amplio, desde la conducción del país, el modelo económico, la desigualdad social y la próxima elección presidencial. A la ya de por sí precaria vida democrática y deformada vida pública se agrega, ahora, la amenaza real del poder Estadounidense, que nos retira inversiones, nos aísla en la frontera y expulsa a nuestros compatriotas.

Trump y varios casos más similares en otras partes del mundo muestran que es posible la involución democrática, de la cual no estamos exentos en México; de la conciencia de esa posibilidad debemos extraer las lecciones del caso para hacer lo correcto. Pienso en fortalecer las instituciones, dar voz a los ciudadanos, garantizar elecciones libres, caminar hacia una sociedad incluyente, ganar en justicia y equidad, acabar con la violencia e impunidad, reinventarnos positivamente pero con la esencia histórica de nuestra nación y cultivar los valores colectivos. 

Es necesario establecer si lo que tenemos como democracia es suficiente y si de ese nivel se podrá avanzar; pero también analizar si hay riesgos de retrocesos. Se debe proceder con seriedad, más allá de intereses grupales y de la retórica. Hay que clarificar el compromiso democrático y convocar al diálogo que marque el rumbo común. No se puede hablar de unanimidad ni de apariencias patrioteras, de hacerse estaríamos cayendo en la simulación. Hay que encarar nuestra realidad por amarga y gris que sea para estar en condiciones de andar en el desarrollo democrático. 

Es pertinente revisar los niveles de tolerancia política y social, es decir, tanto de la relación entre partidos y líderes como entre los cuídanos. Me parece que hemos avanzado muy poco y que, con relativa facilidad, somos espectadores o actores de espectáculos dé intolerancia en lo general; ejemplos abundan. Es muy frecuente que los líderes se descalifiquen y sean incapaces de dialogar, en un afán destructivo y auto complaciente, apostándole a la proyección mediática y a endulzar el oído de sus seguidores. En esa línea, se pierden en el humo las ideas, los diagnósticos y las propuestas. Hay que aclarar que el debate en si es perfectamente válido y normal, en tanto no se vuelva un estridente coro de descalificaciones. Lo peor del intercambio de ataques  son las personalizaciones, omiten la crítica constructiva de hechos y responsabilidades. 

Se afirma que los valores se han perdido, se dice así para intentar la explicación de conductas antisociales. Creo, por mi parte, que los valores esencialmente son los mismos, que cambiamos los que los portamos, quienes no siempre los asimilamos tal cuales ni los aplicamos correctamente. El tiempo cambia, los ciclos sociales y humanos también, las nuevas generaciones requieren educación formal y social, en ellas se refleja inmediatamente, en tiempo real, nuestra calidad humana y nuestro desarrollo social. Es un error pretender que los niños y los jóvenes, por decreto, van a comportarse en forma civilizada y sana; necesitan el ejemplo de sus mayores y un marco de democracia eficaz que incluya instituciones funcionales, fuertes y legítimas. Ahora aprendimos que la vida social armónica, con paz y justicia requiere regarse con información, derechos y legitimidad.

Recadito: Solo los Xalapeños salvaremos a Xalapa.





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